Necrología: D. Buenaventura Hernández y Sanahuja

A continuación os adjunto una necrología de Buenaventura Hernández y Sanahuja escrita por Eduardo Saavedra el 9 de Noviembre de 1894. Extraído de la página web Cervantes Virtual.

Necrología: D. Buenaventura Hernández y Sanahuja

Eduardo Saavedra

I

Ninguna ciudad de España aventajó á Tarragona en el número, antigüedad é importancia de sus monumentos. La maza y la tea de irritadas soldadescas, el furor de turbas desatentadas, la súbita trepidación del terreno, la terrible explosión de la pólvora encerrada en almacenes ó en hornillos, han ido arrojando al suelo durante siglos y siglos el alto muro, la soberbia arcada, la airosa columna, la elegante estatua; cada vez que la ciudad renacía de sus cenizas, los ya inservibles edificios de otras edades brindaban al industrioso poblador con materiales preparados para las nuevas construcciones, y con todo, tantas y tan repetidas causas de destrucción no han sido bastantes para borrar esos vestigios de lo pasado, que imponen el asombro en el ánimo menos prevenido y en el menos cultivado entendimiento. Así fué que antes de mediar el siglo XVI, Juan Armengol, tarraconense, tomaba de los originales y enviaba á D. Antonio Agustín, residente á la sazón en Roma, una buena colección de inscripciones latinas, perdidas ya muchas de ellas, y los restos del circo, del anfiteatro, del pretorio, del acueducto y del recinto fortificado, sugirieron al letrado y caballero Micer Luís Pons de Icart la composición del Libro de las grandezas y cosas memorables de la ciudad de Tarragona, impreso en Lérida en 1572. Pero en aquel tiempo y aun mucho después, la admiración y el encomio satisfacían por completo las modestas ambiciones de los eruditos, y puede decirse, que no obstante las estimables tareas á que varias personas doctas se dedicaron desde mediados del pasado siglo, poco ó nada se iba adelantando en punto á la historia de la capital de la España Citerior. Para rehacer su grandiosa figura fué preciso que las apremiantes necesidades de la vida moderna levantaran con el azadón y el barreno las espesas capas del polvo bajo que yacían los despedazados testimonios del esplendor antiguo. Continuar leyendo…


Biografía de Buenaventura Hernández Sanahuja

FUENTE: Tarraco

BONAVENTURA HERNÁNDEZ SANAHUJA (Tarragona 1810-1891).

Nació en Tarragona el año 1810, en el número 30 de la calle Mercería, hijo de una familia de menestrales y comerciantes. Su padre traslada a Tarragona, desde Barcelona, su negocio de pasamanería.

Cursa humanidades en el Seminario de Tarragona y en la Lonja de Barcelona, estudia también en la Escuela de Dibujo de la plaza del Pallol.

El año 1844 se crea la Comisión Provincial de Monumentos con la finalidad primera de proteger el patrimonio y se funda la Sociedad Arqueológica Tarraconense con interés similar.

El año 1845 Bonaventura Hernández ingresa en la Sociedad Arqueológica y también fue nombrado socio de mérito de la Sociedad Económica de Amigos del Pais.

El mes de marzo de 1850 tuvo lugar el encuentro del nombrado sepulcro egipcio, hecho que le llevó a difundir una serie de informes a académias españolas y europeas. Después de una importante polémica Hernández Sanahuja reconsidera su cronología y rectifica las opiniones iniciales.

El año 1851 fue nombrado responsable del Museo Arqueológico y más adelante, el año 1853, la Académia de la Historia, de la cual era miembro desde 1851, le designó Inspector de Antigüedades.

Su cargo y su valía como arqueólogo hicieron posible la salvación de muchos hallazgos, tanto en la Pedrera como en otros sectores. El arqueólogo Hernández veía en el método denominado estratigráfico utilizado por geólogos una forma efectiva de estudiarlos.

Los trabajos de restauración del acueducto de las Ferreres (1854 y 1856), hechos por encargo de la Comisión de Monumentos, le reportaron prestigio internacional.

El año 1870 participó activamente en las acciones llevadas a término por parte de la Comisión de Monumentos y la Sociedad Arqueológica para evitar la destrucción de la muralla romana de Tarragona.

De entre sus obras podemos destacar el Indicador arqueológico de Tarragona (1867), Tarragona en poder de los árabes (1882), Opúsculos históricos, arquelógicos y monumentales (1884), El Pretorio de Augusto en Tarragona (1888), Historia de la antigua ciudad de Tarragona (1891) y el Catálogo del Museo Arqueológico de Tarragona (1894).


Biografía de Aureliano Fernández-Guerra y Orbe

AUTOR(ES): H. Gimeno Pascual, V. Salamanqués Pérez

FUENTE: Universidad de Alcalá

Historiador, literato, coleccionista y anticuario, Aureliano Fernández-Guerra y Orbe fue el primogénito de una familia acomodada y erudita oriunda de Granada. Su padre, José Fernández-Guerra abogado, catedrático de Lógica, Metafísica, Retórica, Bellas Artes, Historia, Numismática y Antigüedades en la Universidad de Granada poseyó una colección de antigüedades -en buena parte constituida por objetos prehistóricos- y una biblioteca con dieciocho mil volúmenes. Desde muy temprano José inculcaría a sus hijos, Aureliano y Luis, el interés por la Literatura, la Historia y las antigüedades.

Aureliano Fernández-Guerra pasó su infancia en Granada, y esporádicamente en el pueblo de su familia, Zuheros (Córdoba), hasta que marchó a Madrid en 1825, en donde estudió sus primeros años en el colegio de corte afrancesado dirigido por José Garriga, ex alcalde de la Villa, y en el que tuvo algunos compañeros que serían en el futuro personajes decisivos en la política y la cultura de la España de la segunda mitad de siglo. En 1828 volvió a Granada y de 1831 a 1832 cursó estudios universitarios de Filosofía en el Seminario del Sacromonte, los cuales proseguiría en la Universidad Literaria de Granada alternándolos con los de Leyes. En 1838, siendo todavía estudiante, le fue encomendada la cátedra de Literatura e Historia, puesto que desempeñó hasta 1839. Durante la década de los treinta, época de sus años jóvenes y universitarios en la que concurría a las tertulias y círculos literarios de Granada llegó a ser un conocido autor dramático, con varias obras en cartel. Continuar leyendo…


Biografía de Antonio Delgado y Hernández

AUTOR: Rodolfo Manuel Clemente Martín

FUENTE: Bollulleros

Nació en Sevilla el 9 de enero de 1805 y fue bautizado en la iglesia parroquial de la Magdalena, que aún no habían derribado los franceses: fueron sus padres Da María Josefa Hernández y Aguirre y el licenciado D. Francisco Javier Delgado y Jurado, natural de Bollullos, el cual se distinguió en la jurisprudencia, en la política y en la literatura. Asimismo, ejerció cargos públicos durante el imperio de las ideas liberales, entre otros, el de Alcalde constitucional de Sevilla de 1820 al 23. También destacó por sus escritos, impresos unos, inéditos otros, redactados todos en castizo y florido lenguaje gracias al exquisito gusto literario de que estaba dotado.

Merece la pena reproducir la partida de bautismo en donde se recogen los muchos nombres que se le dio a Antonio Delgado: “En jueves diez de Enero de mil ochocientos cinco, yo el infrascripto cura propio de la Iglesia Parroquial de Santa María Magdalena de Sevilla bauticé a Antonio María de las Mercedes y del Amparo, Rita, Joseph, Julián, Basilisa de la Santísima Trinidad, Ramón, Melchor, Gonzalo de Amarante, que nació el día de ayer, hijo lexítimo del Licenciado Don Francisco Xavier Delgado y Jurado, Abogado de esta Real Audiencia y natural de la villa de Bollullos Par del Condado y de Doña María Josefa Hernández y Aguirre, natural de esta ciudad, su lexítima muger. Abuelos paternos el Licenciado Don Juan Delgado Rico, natural de la villa de Zalamea la Real y Doña Juana Ruiz Jurado de la expresada villa de Bollullos; Maternos Don Antonio Hernández Tamariz, natural de esta ciudad y Doña María Manuela Rita Aguirre natural de la villa de Bergara en el Señorío de Vizcaya; fue su madrina Doña Josefa Mígueles? del Real, vecina del Salvador, a quien advertí su obligación y parentesco espiritual, y lo firmé fecho ut supra.
Dr. Dn. Ignacio María Tenorio Cura”
De ahí, se deduce que los primeros años de su vida debieron transcurrir en Sevilla debido a las ocupaciones laborales de su padre como abogado de la Real Audiencia de Sevilla.
Cursó D. Antonio en la Facultad de Derecho de Sevilla, aprobando todos los años; sin embargo no llegó a recibir el grado superior por no ser tales estudios muy conformes a su natural vocación, que se manifestaba y decidía por las antigüedades, movido por el ejemplo de su padre quien gozaba justo renombre de numismático. Así es que, entre sus escritos, ninguno se ha hallado de Derecho, y sí muchos de Arqueología, firmado alguno de los más antiguos por padre e hijo unidos en una común afición.
La general influencia de los hechos políticos y la tradición de familia, llevaron a D. Antonio a defender las libertades patrias, alistándose en la Milicia Nacional de Sevilla en 1823, y al marchar con su batallón a Cádiz, aparece en la defensa del Trocadero, sufriendo luego una prisión, por la cual fue condecorado con el distintivo establecido en 1836 para los que allí probaron su patriotismo y valor. Se retiró a Trigueros donde vivió muchos años con su familia, dedicado ya a estudios históricos de aquella comarca. Los liberales le designaron en 1834, para el cargo de Oficial Mayor de la Diputación en la recién creada provincia de Huelva, a la que había de prestar señalados servicios con sus asiduos trabajos y razonados informes en el puesto de Secretario de la misma, a que ascendió, en 1836, por muerte del primer nombrado.
Eran necesarios grandes esfuerzos para vencer los obstáculos que a la nueva organización oponía la escasez de recursos: todo lo dificultaba más la guerra civil y urgía regularizar la administración de los servicios públicos. A ello acudió el Sr. Delgado por su reconocida competencia, interviniendo directamente en los nuevos proyectos, informando sobre la desamortización de los terrenos públicos, indicando la conveniencia de construir carreteras de Sevilla a Extremadura; facilitando las grandes quintas ordinarias y extraordinarias, requisas de caballos, contribuciones de guerra, etc., que por aquellos días se arbitraron para equipar al ejército de reserva.
En aquel tiempo había sido Subteniente de la Milicia de Trigueros; luego, capitán de la de Huelva; desde 1837, Juez de hechos para el conocimiento de los delitos de imprenta; en 1840, Censor de teatros de la capital y, por último, vicepresidente de la Comisión de Monumentos históricos de la provincia; más no abandonaba por esto las investigaciones científicas, así en la Secretaría como fuera de ella, por haber cesado en el cargo de 1840 al 43, y entre los muchos apuntes de más o menos importancia, escritos y dictámenes que redactó se pueden recordar los siguientes:
1°.- Carta a D. Ivo de la Cortina, explicando una inscripción romana, dedicatoria a Baco (Libero patri) encontrada en Itálica. 1839.
2°.- Informe sobre el puntea[ romano de Trigueros, que se trasladó a Huelva, con su diseño, leyendas y una breve explicación. 1844. (Extracto de una erudita memoria que había escrito en unión de su padre en 1828).
3°.- Proyecto sobre el sostenimiento de los niños expósitos y nuevo método para acudir a su lactancia, hecho en unión de don Manuel Solesio e impreso en Huelva, 1840. (Propone una instrucción articulada, que aprobó en todas sus partes la Diputación).
4°.- Informe sobre los terrenos baldíos y necesidad de repartirlos; impreso en Huelva.
Contribuyó poderosamente a la redacción de varias memorias de interés local relativas al fomento de la agricultura, industria y comercio, dirigidas, ya a Su Majestad ya a las Cortes, y entre las que destaca la Representación que hizo a la Diputación provincial para que se prohibiese absolutamente las parejas de Bou, impresa en Huelva en 1837 y, las Reclamaciones del mismo Cuerpo, sobre habilitar el puerto de la capital para el comercio de las colonias y puertos extranjeros impresa en 1839. Habiendo cesado en el cargo de Secretario, por efecto de las leyes orgánicas de 1845, trasladó a Madrid su residencia inaugurando el periodo de su vida más fructífero para la Numismática: fue nombrado Auxiliar del Consejo Real; ascendió en 1851 a Mayor en la sección de Gobernación y Fomento, y cinco años después era Secretario interino del Consejo de Estado.
No fue tampoco ajeno a la política, y saliendo del Partido Moderado, se adhirió al naciente grupo llamado Unión Liberal, esto lo llevó al Congreso en 1857 al ser elegido por el distrito de Aracena después de dos años de cesantía, y en 30 de abril del 58 aparece su nombre entre los 71 de la minoría en aquella célebre votación que tanto quebrantó el poder del Gabinete Narváez. Pero el señor Delgado aspiraba a un puesto más conforme con sus estudios, y en 29 de agosto del mismo año, pasaba del Consejo a la Dirección de la Escuela Superior de Diplomática.
Los problemas de salud le acompañaron toda su vida política, de modo, que el 5 de octubre de 1858 la reina Isabel II le concedía dos meses de licencia para que “pueda atender al restablecimiento de su salud…”: No obstante, sus continuas recaídas le llevaron a presentar su renuncia al cargo de Diputado:
“23 abril 1861
Excelentísimos Señores.
El estado delicado de mi salud no me permite la asistencia continua a las sesiones del congreso, ni ocuparme de los graves negocios de Estado que en el mismo se ventilan. Por esta causa me veo precisado a hacer dimisión del cargo de Diputado a Cortes por Aracena, provincia de Huelva, que he venido desempeñando.
Dios guarde a V. E. E. muchos años. Madrid 23 de abril 1861.
Excelentísimos Señores.
Antonio Delgado”
Desde entonces se dedica más a sus labores como docente, desempeñando el cargo de Director de la Escuela Superior de Diplomática (con destino en Barcelona), que ya venía desempeñando desde el 1 de septiembre de 1860. Asimismo consta que el Sr. Delgado, como Director de dicha escuela, desempeñó también las Cátedras de Epigrafía y de Geografía Antigua desde que fueron creadas por Real Decreto de 15 de julio de 1863 como anexa al cargo de Director de la Escuela. Dichos cargos los ejerció hasta 1865 en que presentó su dimisión.
En 1866 se tiene constancia de una nueva recaída en su salud, de hecho, recibe una carta desde la Real Academia de la Historia donde se le indica que debe decir en qué paradero se encuentra. La respuesta a la misma carta revela que se encontraba en su “Hacienda de Moraniña”, en Bollullos Par del Condado, lugar que usaba con frecuencia para recuperarse de su debilitada salud. He de recordar que esta Hacienda y tierras aledañas junto con el Convento, fueron compradas por Antonio Delgado tras la Desamortización de 1835, si bien, los pagos de la misma se pospusieron hasta 1845.
Desde la llegada a la Corte, se dio a conocer por sus extensos e intensos estudios en el ramo de antigüedades, campo en el que estaba dotado de una vista intuitiva con que penetraba en la comprensión de los monumentos. Así, la Real Academia de la Historia le abría sus puertas en 1846 nombrándole Supernumerario y, el mismo año le honraba con plaza de Número eligiéndole el 48 Anticuario de la Corporación, cargo que ocupó por espacio de 20 años. Muchos fueron los informes, dictámenes y memorias que para aquel ilustre cuerpo escribió, así por su carácter oficial como por su probada competencia, bastando recordar los siguientes:
1 ° Bosquejo histórico de Niebla. 1846, que leyó al ingresar en la Academia y contiene muy curiosas noticias de esa población desde los tiempos primitivos hasta su estado actual.
2° Memoria histórico-crítica sobre el gran Disco de Teodosio, encontrado en Almendralejo, impresa en Madrid en 1849. Este singular monumento es un clipeo de plata en el cual están representados Teodosio, Arcadio y Honorio, a quienes acompañan soldados, genios y otras figuras alegóricas. La Memoria, llena de erudición, fue elogiosamente acogida por las sociedades literarias de Europa, y en especial por la de Viena, cuyo Director de antigüedades, el señor Aeneth, no dudó en afirmar que “:..constituía época señalada en la ciencia de los monumentos antiguos…”, escribiendo a Delgado cartas que le honraban sobremanera.
3° Informe sobre un mosaico descubierto en Ampurias, que se representaba a los Duunviros haciendo libaciones a Apolo y Diana, con algunas noticias históricas de aquella población, 1850.
4° Inscripciones y antigüedades de( Reino de Valencia, recogidas por el Príncipe Pío, opúsculo que no sólo ilustró, sino que redactó de nuevo el señor Delgado al publicarlo la Academia en 1852 entre sus memorias (Tomo 8°).
5° Informe sobre los monumentos encontrados en Tarragona. Por comisión del Gobierno hizo un viaje a Tarragona en 1853: estudió tos objetos descubiertos y dirigió nuevas excavaciones; afirma que son auténticos los hallazgos, de carácter egipcio y anteriores a la dominación romana.
6° Memoria sobre el viaje literario de inspección que hizo a Murviedro en 1859, comisionado por la Academia. Reconoció el teatro y fortaleza ibérica de Sagunto, que se trataba de demoler; copió varias inscripciones inéditas y propuso los medios más adecuados para conservar aquellas venerables ruinas.
7° Informe sobre dos pondas, uno de cobre puro y peso de 10 libras romanas (gramos 3.254) y otro de serpentina, con asa de bronce de 50 libras (gramos 16.232), hallados en el Cerro de Beráñez, término de Huete. 1860.
Crecía la fama de su nombre así dentro como fuera de España y, de todas partes reconocieron su indisputable autoridad, de lo cual dan evidente testimonio muchas consultas y respuestas a muy distintas personas, que se hallaron entre sus papeles. Dio al Sr. Madoz noticias para su Diccionario, interpretó y explicó multitud de monedas, inscripciones y demás objetos antiguos. Su casa era frecuentada por eruditos y aficionados, y todos hallaban motivos de enseñanza; allí concurrían Hübner, Fernández Guerra, A. Heiss y otros muchos.
Varias corporaciones científicas le recibieron en su seno y, además de haber sido juez en oposiciones a cátedras de historia y lengua árabe, fue nombrado en 1846 Socio de La Económica Matritense siendo (por aquel entonces) Propietario, Secretario de la Jefatura Política de Huelva, Oficial Primero de la Secretaría en el Consejo Real y miembro de la Sociedad Económica Amigos del País; en 1847, Honorario de la Arqueológica Tarraconense; en 1850, Supernumerario de la de Buenas Letras de Sevilla; en 1851, Académico de la de Ciencias Exactas, Naturales y Médicas de Sevilla (ese mismo año es nombrado Auxiliar Mayor del Consejo Real); en 1852, Correspondiente de la Academia Pontificia de Arqueología y Socio Corresponsal de la Sociedad Económica de Amigos del País de la provincia de Huelva; en 1856, es propuesto Académico de la Real de Suecia. En 1860 es nombrado Miembro Ordinario del Instituto Archeologico di Roma; en 1871 es nombrado Socio Corresponsal de la Sociedad Arqueológica Valenciana. Pero sus más importantes estudios eran los de numismática y, con razón puede asegurarse a la vista de sus manuscritos, que visitó o estudió todos los gabinetes y colecciones de monedas más notables que en su tiempo había en España. Puesto a su cuidado el monetario de la Real Academia de la Historia, que antes se hallaba en un lamentable desorden por lo azaroso de los tiempos, lo clasificó y ordenó, formando un índice y, además, un prolijo catálogo descriptivo de la serie familiar romana de plata y cobre. Entre las adquisiciones de aquella Corporación que Delgado ilustró, puede señalarse e[ donativo del Sr. López de Córdoba, de que dio noticia en el Memorial Histórico.
Explicó las monedas árabes del gabinete de García de la Torre para el Catálogo que Gaillard imprimiría en 1852. Al año siguiente publicaba en la Revista Numismática francesa varios artículos sobre las monedas de Osturium, Onuba, Ilipla y Olóntigi. En 1854 se publicó el Catálogo de las monedas y medallas que pertenecieron a D. Juan Bautista Bathe; un año después clasificaba el monetario del Real Patrimonio y, en 1857 imprimía en francés el Catalogue des monnaies et des medailles de Mr. Gustave Daniel de Lorichs, libro que muestra grandes conocimientos por la dificultad de clasificar alguna de las series que contiene, siendo notable además por haber aplicado el autor su nuevo sistema a la interpretación de las leyendas ibéricas.
Al estudio de esta especialidad dedicó muchos años el Sr. Delgado, singularmente desde su traslado a Madrid, reconociendo multitud de aquellas monedas llamadas de “caracteres desconocidos”, y visitando colecciones copiosas. Con tales datos formó listas de las procedencias de cada ejemplar, comparó sus fábricas, tipos y marcas, y obtuvo por resultado un nuevo sistema para la lectura de las letras ibéricas superior a todos los anteriores; a nadie ocultaba el autor sus descubrimientos, dio cuenta de ellos a la Academia de la Historia, donde obtuvieron el merecido elogio. Por último, el Gobierno le encargó la redacción de una obra copiosa sobre tal materia, que empezó a cumplir depositando sucesivamente en la Dirección General de Instrucción Pública el fruto de sus tareas. No obstante, circunstancias que desconocemos impidieron por entonces la publicación de tan importante obra.
También estudió las monedas arábigo-españolas, comprendiendo su importancia para la Historia Nacional, demostrando que las obras publicadas hasta entonces sobre tal materia, además de ser muy incompletas, carecían de exactitud. Ya en 1851 la Real Academia de la Historia daba cuenta al público de esta empresa, acometida con entusiasmo por Antonio Delgado, y llevada algunos años después a feliz término, siendo premiada tan laudable constancia por el Gobierno al comisionarle en 1859 para escribir la Historia de la Numismática hispano-árabe como comprobante de la dominación islamita de la Península. Bajo tales auspicios se grabaron diez y ocho hermosas láminas y empezó a imprimirse el texto; pero en esto quedaron suspendidos los trabajos por obstáculos insuperables.
Había enajenado ya su rico monetario y parecía condenar al olvido su memoria desde que se apartó a oscura y solitaria vida, cuando el Círculo Numismático de Sevilla supo enriquecer a la Ciencia con la feliz idea de proponerle en 1871 la publicación, a sus expensas, de los estudios sobre monedas coloniales; y aceptada por el autor tan laudable oferta, dio por resultado la gran obra titulada: Nuevo método de clasificación de las medallas autónomas de España. Impresa en Sevilla. Los sabios entendidos tanto nacionales como extranjeros, han pronunciado ya su favorable juicio sobre este libro, y el público puede gozarlo, por lo cual, nos limitaremos a decir que durante el
largo curso de la edición, decaían visiblemente las fuerzas del autor, hasta que, postrado por una parálisis, murió el 13 de noviembre de 1879.
Si bien años antes, en 1875 y apartado ya de todos sus cargos y descansando en nuestra ciudad de Bollullos, surgió una cruenta lucha política entre dos bandos. Para resolver este problema y lucha fraticida acordaron por aclamación que aceptara la alcaldía, consiguiendo en poco tiempo conciliar ambas facciones dando muestras de su carácter político y moderador. De ahí que por antonomasia le llamaban en el pueblo “El Patriarca”:
Tras su muerte su figura cayó en el olvido salvo para algunos intelectuales que aún reconocían la importancia e interés de esta gran figura. En este sentido, resulta revelador una carta remitida por Aureliano Guerra al hijo de Antonio Delgado, Francisco Javier Delgado:
“Madrid 20 de enero de 1880
Mi muy querido amigo, no lo soy del Sr. Carlos, ni le trato, ni le hablo.
En otro país que éste se disputarían los periódicos y revistas publicar la biografía y el retrato del gran numismático español. Aquí es forzoso postrarse ante mercaderes sórdidos, estólicos y míseramente avaros, y ante escritorzuelos mentecatos y baladíes.
Si Usted quiere, envíeme una fotografía excelente del Sr. Don Antonio (q.d.g.h) y una noticia biográfica o los datos más abundantes, y la Academia las publicará en su Boletín. No vacile envíeme ambas cosas y la Academia sacarla a luz. Si como espero hiciese un trabajo de empeño podría ir en las Memorias.
Aureliano Guerra”
En este año del Bicentenario del nacimiento de tan ilustre bollullero, no sólo debemos recordar su figura como personaje de notable calidad intelectual y personal (como muestra las numerosas cartas de afecto y agradecimientos que recibió a lo largo de su vida), sino también, sus desvelos por la conservación de las antigüedades de su país. En este sentido, quisiera llamar nuevamente la atención sobre el lamentable estado de abandono que padece el Convento de San Juan de Morañina así como el grave deterioro de algunos de los retablos callejeros que se reparten por nuestras calles, demandando desde aquí una mayor atención y cuidado al patrimonio histórico-artístico de nuestra localidad.
Rodolfo Manuel Clemente Martín
Ldo. en Geografía e Historia del Arte
Asociación Zápote.

Nació en Sevilla el 9 de enero de 1805 y fue bautizado en la iglesia parroquial de la Magdalena, que aún no habían derribado los franceses: fueron sus padres Da María Josefa Hernández y Aguirre y el licenciado D. Francisco Javier Delgado y Jurado, natural de Bollullos, el cual se distinguió en la jurisprudencia, en la política y en la literatura. Asimismo, ejerció cargos públicos durante el imperio de las ideas liberales, entre otros, el de Alcalde constitucional de Sevilla de 1820 al 23. También destacó por sus escritos, impresos unos, inéditos otros, redactados todos en castizo y florido lenguaje gracias al exquisito gusto literario de que estaba dotado.

Merece la pena reproducir la partida de bautismo en donde se recogen los muchos nombres que se le dio a Antonio Delgado: “En jueves diez de Enero de mil ochocientos cinco, yo el infrascripto cura propio de la Iglesia Parroquial de Santa María Magdalena de Sevilla bauticé a Antonio María de las Mercedes y del Amparo, Rita, Joseph, Julián, Basilisa de la Santísima Trinidad, Ramón, Melchor, Gonzalo de Amarante, que nació el día de ayer, hijo lexítimo del Licenciado Don Francisco Xavier Delgado y Jurado, Abogado de esta Real Audiencia y natural de la villa de Bollullos Par del Condado y de Doña María Josefa Hernández y Aguirre, natural de esta ciudad, su lexítima muger. Abuelos paternos el Licenciado Don Juan Delgado Rico, natural de la villa de Zalamea la Real y Doña Juana Ruiz Jurado de la expresada villa de Bollullos; Maternos Don Antonio Hernández Tamariz, natural de esta ciudad y Doña María Manuela Rita Aguirre natural de la villa de Bergara en el Señorío de Vizcaya; fue su madrina Doña Josefa Mígueles? del Real, vecina del Salvador, a quien advertí su obligación y parentesco espiritual, y lo firmé fecho ut supra.

Dr. Dn. Ignacio María Tenorio Cura”

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