Informe titulado “Descripción razonada del sepulcro Egipcio encontrado en Tarragona en marzo de 1850″ – [Pag. 36-37]
Páginas 36 y 37 del informe titulado “Descripción razonada del sepulcro Egipcio encontrado en Tarragona en marzo de 1850“. Este informe fue escrito por Buenaventura Hernández Sanahuja el 10 de Mayo de 1851 y remitido a la Real Academia de la Historia.
Este documento fue obtenido de la Biblioteca Virtual Miguel de Cervantes con la signatura CAT/9/7974/04(1).
La transcripción es la siguiente:
Cuando llegamos al lugar citado, la escavacion iba continuando lentamente, y aunque habian transcurrido ocho dias despues del hallazgo, se conocian todavia los destrozos y el lugar que ocupaba el monumento. La escavacion se reducía á practicar un corte vertical ó perpendicular desde la flor de tierra á la superficie de la roca, y este mismo corte manifestaba evidentemente, que el monumento egipcio existia en aquel lugar desde remotisimo tiempo, colocado sin la menor duda por el mismo pueblo que lo construyó.
Inmediatamente encima de la roca se veia una zona ó lecho de greda amarillenta, que sin duda fue la superficie en la epoca de la venida de los egipcios: Sobre este lecho estaba colocado el sepulcro con la direccion algo oblicuado de Oriente á Occidente. Por los lados y encima se habian formado unos cinco pies de terreno de aluvion, distinguiendose perfectamente en el corte las líneas paralelas, horizontales, que indicaban las distintas capas de tierra que con el transcurso de los siglos se habian consecutivamente sobrepuesto y fueron superficies en otro tiempo. Luego venia un pavimento de grandes baldosas de jaspe del país, de construccion romana, y finalmente, tres pies de tierra vegetal producto de las ruinas del edificio romano, entre cuyos escombros y materias carbonizadas que manifestaban la causa de su ruina, se encontraron varias medallas romanas, lámparas y otros objetos de uso domestico. (8)
El pavimento, la tierra de aluvion, tres medallas celtiberas encontradas entre estas capas debajo del pavimento y las incrustaciones petrificadas que cubrian las paredes del sepulcro, son en nuestro concepto, pruebas irrefragables de haber pasado desapercibido á los romanos, los cuales fabricaron en este terreno sin cuidarse de indagar lo que habia debajo; y esto es tanto mas natural, cuanto ni remotamente podian presumir la existencia de semejante preciosidad, que sin duda alguna hubiese trasladado á lugar mas apropósito. Calcular que lo llevaron de tan lejos para enterrarlo luego á tanta profundidad, seria mas que absurdo. Ademas, con la escavacion que necesaria-


4 de agosto de 2009 el 13:16
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