“Objetos egipcios encontrados en Tarragona” – Boletín de la Real Academia de la Historia. Marzo 1909. Páginas 171-172
“Objetos egipcios encontrados en Tarragona“: este es el título del informe escrito por el doctor Rodolfo del Castillo y Quartiellers en el Boletín de la Real Academia de la Historia, Tomo LIV, año 1909.
Continuamos con las páginas 171 y 172…
La transcripción del informe es la siguiente:
del destino del individuo después de la muerte, añejas y arraigadas creencias eran entre ellos, que la muerte no era el término de la vida, pues esta continuaba en la tumba separada solamente de deudos y parientes, y allí era donde empezaba á disfrutar del reposo y las bienandanzas, con tal que se encontrase en las condiciones indispensables para su existencia, según los textos jeroglíficos.
Andando el tiempo, y en la primera época del imperio, las creencias de la vida futura en el Egipto se acentúan más; y para satisfacer y reforzar estas creencias, suponen que el cuerpo físico del hombre llamado Jat, palabra (1) que significa cosa perecedera, es el que se inhumaba en la tumba después de la momificación y protegido contra la destrucción por medio de los amuletos, ceremonias mágicas, oraciones y fórmulas, costumbre que duró hasta la época de la decadencia.
A este cuerpo iba unido de una manera especial el Ka ó doble del hombre, que puede definirse como una individualidad abstracta ó personalidad dotada de todos sus característicos atributos, que poseía una existencia independiente. Era libre de ir de un lugar á otro sobre la tierra y podía entrar en el cielo y conversar con los dioses. Era la forma substancial y principio individuante de la materia, que por sí mismo y sin ella tenía ser y existencia, ó subsistía permanente.
En los primeros períodos, algunas tumbas tenían un departamento especial para uso exclusivo del Ka. En el período de las pirámides era firme creencia que el doble podía ser purificado de alguna manera, andar y comer pan durante toda la eternidad; y si ese Ka no tenía suficiente repuesto de ofrendas y manjares, estaba en peligro de fenecer y no poder salvarse por faltarle el tiempo necesario para su purificación.
No siendo posible que los dioses bajasen á los sepulcros, fué preciso que los muertos subiesen al cielo, y entonces atribuyeron al hombre, ya fallecido, un ser menos grosero, el alma, llamada entre ellos Ba, substancia esencial de naturaleza luminosa sin perder las condiciones materiales. El Ba moraba en el Ka y disfrutaba el poder de hacerse corpóreo ó incorpóreo, según sus deseos y se le representa generalmente por un gavilán con cabeza humana; decían de su naturaleza y substancia que es etérea, podía dejar la tumba é ir á los cielos donde se dedicaba á disfrutar una existencia eterna en estado glorioso.
Ba significa en egipcio lucir, ó brillar, lo mismo que la raíz de los vocablos griegos
,
ó
,
y
.
De este Ba ó alma lúcida é inteligente se hizo desprender un rayo de fuego de vida animada é inmortal llamada el Ju ó ardoroso, esencia del alma incorpórea, que desprendida del cuerpo humano había de seguir su destino en la eternidad desde el día de la muerte. Los Ju constituyen una clase de seres espirituales, que viven con los dioses, y se distinguen de los Ba, como nuestros serafines de los querubines. La raíz que en griego le corresponde, parece ser la de
(olla, marmita, fuente de aguas termales). De todo ello resulta que los egipcios idearon cuatro existencias. La momia, ó el Jat, que era el cadáver embalsamado, depositado en la tumba. El Ka ó doble, imagen personal del difunto alojado en la capilla funeraria, representado por su estatua. El Ba ó mente que podía ser destruida por sus pecados y delitos». Y, por último, el Ju ó ígneo que debía instruirse en la tierra y proveerse de talismanes, para defenderse de los peligros sobrenaturales que le dificultaran el acceso al otro mundo. De semejante sistema emanó el de Platón, que distinguía tres almas en el hombre y achacaba á la substancia lo que es propio de la potencia»
La momificación de los cadáveres, los entierros con acompañamientos y séquitos, la colocación del féretro en el lugar en que debía quedar en la mastaba, las ofrendas, las estatuas y cuanto debía ocupar el sepulcro para ser utilizado por el finado, estaba comprendido y especificado en el Ritual Funerario.
Entre los objetos depositados en la tumba figuraban con pro-
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(1) Participio pasivo, análogo al latín jactum (echado, arrojado). Los franceses transcriben por kh la consonante egipcia, que suena como la
griega y la j castellana, porque el idioma de ellos carece de este sonido.



30 de septiembre de 2009 el 21:24
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